viernes, 30 de marzo de 2012

¿Se puede ser feliz en el trabajo?

Muchas veces asociamos la idea de felicidad o el deseo de ser feliz con un cierto estado de ánimo, que se alcanza cuando se cree haber logrado una meta buscada. Más allá de esta forma de entender la felicidad, mancomunada con la alegría individual y los logros personales, la filosofía puede darnos una perspectiva más amplia de esta noción.

La cuestión de la felicidad desveló a la filosofía desde sus inicios en la Grecia clásica. Así para Epicuro, ser feliz es experimentar placer intelectual y físico, intentando siempre evitar el sufrimiento. Esto es lo que conocemos como hedonismo. En la Ética a Nicómaco Aristóteles se separa claramente del epicureísmo e intenta discernir qué es la felicidad, así como las acciones que nos acercan a ella. El mismo Aristóteles señala que la felicidad no es un estado sino una actividad (razón por la cual se distingue del placer), que nos lleva a actuar siempre siguiendo el bien y sin pensar en la consecución de fines determinados (eudemonismo).

Hedonismo o eudemonismo ¿nos sirven para pensar las demandas y expectativas de los diferentes sectores que integran las organizaciones y empresas? A estas alturas ya debiera haber quedado claro que en el seno de las organizaciones, el bienestar de la gente no es un tema de un área en especial (recursos humanos, relaciones laborales, etc.). Uno de los factores indispensables para el éxito de cualquier organización pequeña o grande, es responder a las demandas que plantean las relaciones interpersonales en el ámbito laboral. La necesidad de dar respuestas a los cambios y la diversidad,  así como la urgencia por facilitar la integración en el trabajo o atender a las expectativas de las nuevas generaciones que se incorporan al mercado laboral, hacen que las organizaciones y empresas se enfrenten a una cuestión apremiante: “ser más humanas”.

Tal como nos había enseñado la filosofía desde sus inicios helénicos, es inherente a nuestro “ser humanos” que deseemos, busquemos y tratemos de perseguir la felicidad. Por tanto, si pasamos tantas horas al día en nuestros lugares de trabajo, es lógico que también busquemos y reclamemos ser más felices allí. Tener en cuenta la demanda de la felicidad (no del hedonismo) sirve no sólo como un elemento motivador que genera un círculo virtuoso que impacta en las personas, sino que también puede hacer que el trabajo sea mucho más rentable. Está claro que no es posible logar la felicidad si ésta no se asienta en una serie de valores, que deben ser los pilares que sostienen las organizaciones. Ahora bien, especialmente en estos tiempos de crisis es cuando los valores se ponen a prueba como prácticas reales, y no como una simple prédica.

Sólo así se demuestra que los valores son legítimos y útiles en el funcionamiento de las organizaciones, haciendo que éstas sean un espacio donde las personas puedan desempeñar sus labores a gusto.  Los talentos que hacen que una empresa avance y progrese, aspiran a trabajar en organizaciones que renuevan su contrato con los valores (aún en tiempos difíciles), y que saben conciliar la vida laboral con la personal, para que cada uno encuentre su propio espacio de felicidad.

Filoempresa

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